Ruta Nacimiento de Río Mundo

ruta-rio-mundoEl mayor atractivo turístico de Riópar, y de la provincia de albacete, es el paraje de hoyo guarda, o lo que es lo mismo los chorros, o como lo conocemos hoy, aunque no sea muy exacto, el nacimiento del rio mundo.

Careciendo de conocimiento de geologia, de botánica y de biología después de la fresca y ágil descripción del "libro de monteria", solo puedo ofrecerles en su visita a este fascinante rincón del mundo, mi experiencia vital de haber tenido el privilegio de ser una de las pocas personas que han vivido y crecido en el.

Con 15 años hice el viaje más apasionante de mi vida: cinco jóvenes de la misma edad con tienda de campaña y mochila al hombro nos aventuramos por el calar, para llegar a yeste andando.

Desde los chorros ascendimos hasta el macizo siguiendo la senda de la pedorrilla.En la cañada de los mojones nos dejaron los mayores indicándonos la dirección a seguir.

En la extensa y plana cumbre, la erosión ha formado numerosas dolinas (depresiones por donde se filtra el agua), disuelta la roca por la acción de la lluvia y la nieve, en el fondo de esos embudos se depositan las arcillas y allí se desarrolla la vegetación.

La visión de la inhóspita extensión rocosa y el sumergirse de pronto en el oasis de una dolina, volver a ascender a la aspereza, volver a encontrar un majuelo y ver el vuelo sorprendido de algún pájaro en una nueva hondonada. Un enebro rastrero, un espino. Cada paso un descubrimiento que ensanchaba el corazon, que volvía a encogerse ante la grandeza del paisaje y el silencio lunar.

Desde que empecé a ir al colegio el autobús nos dejaba en el cruce del rio mundo. Mi hermano y yo bajamos con la esperanza de que mi padre no hubiese podido ir a buscarnos con el coche (cosa que sucedía con bastante frecuencia).

Entonces con la cartera arrastras empezábamos un camino sin prisas. Conocíamos cada curva, cada sombra de los pinos, vimos crecer los chopos, parábamos en una pequeña fuente a la que mi padre había colocado una teja para que pudiéramos beber.

Jugábamos al futbol con las piñas, oíamos el aleteo de una paloma torcaz, el graznido de los cuervos. En el alto de la piedra grande había un madroño, cuando los dejaba caer comíamos sus frutos aterciopelados.

En otoño las moras eran otra tentación.

Asomarse al barranco cuando el rio va crecido para ver despeñarse el agua. El sonido del nacimiento cada vez mas nitido, doblar la última curva y encontrar la boca de la cueva a mitad del paredón.

Eran numerosos los días de lluvia (ahora sé que aproximadamente unos 80 al año) y a veces llegábamos calados hasta los huesos, pero felices si habíamos tropezado con el negro y amarillo chillón de un tiro en la fuente redonda.

La nieve siempre fue un placer.

Las maquinas quitanieves, como la electricidad y la televisión jamás han llegado hasta alli, de manera que las cosas duraban lo que tenían que durar las noches de luna llena, las de completa oscuridad. El sonido de un cárabo o de un engañapastores.

Cada momento, cada estación es fascinante rodeado de estos roquedos.

El camino entre pinos hasta la fuente de la pedorrilla, el tomillo en el claro, el olor a romero, caminar por las cornisas hasta la cueva del farallon, asomarse desde lo más alto para ver abrirse el valle.

Tuve mis arboles: el tejo de la cascada, los avellanos, las higueras silvestres.

Buscar la fuente de las raíces con su arena final al fondo.

Subir por la ladera de la cueva. Las carrascas. El hechizo de los canchales.

Perseguir el rio desde junio hasta septiembre, saber por qué roca se filtraba ayer, vigilarlo cada día en su retroceso, ir a verlo nacer de nuevo en el charco de las truchas, pisar con cuidado en la última cuesta para ver las truchas debajo de las ondas

Concéntricas que en la superficie había hecho alguna libelula.Mariposas.Rosales silvestres,. Ensoñadoras lianas. Helechos hasta la cintura. Ver nacer las violetas. Abrir la ventana para que saliera un murciélago.

No tuve videojuegos, ni television.Hacia barcos con las conchas de los pinos, escudriñaba las ramas para ver que ardilla había dejado las piñas tan bien peladas, descubrir entre las carrascas donde habían escarbado los jabalíes.

Arrodillarse en la tierra, hacer un pequeño hoy y hablar con ella contándole cuantas cosas había descubierto.

Viví en un lugar maravilloso, nunca olvidare sus luces, sus olores, sus sonidos. Aunque su visita sea breve disfrute de él.